No quiero mirar
A veces descubro fotografías que mi mala memoria ha dejado abandonadas y que sólo las tardes que reservo para ir negativo a negativo, escaneando y puliendo sin sacar demasiado brillo, vuelven a la luz. Y a veces simplemente encuentras en una imagen, tu propio reflejo.
Hoy, después de una llamada de esas que nunca quieres recibir en el exilio, con malas noticias a lo lejos y con las manos atadas por no poder hacer nada, apareció sin más. Un perfecto reflejo de mi interior: una niña que esconde la cara tras sus manos, porque simplemente no quiere ver lo que tiene ante sus ojos.
A los cinco años, nos parece que nuestros padres lo son todo. A los 15, bajan de categoría empujados por las terribles hormonas que todo lo desordenan. Y algunos años después, la madurez nos permite reconciliarnos con ellos y pasar a decír ¡qué razón tenían!.
Pero nunca, nunca estamos preparados para que el tiempo perdido nos pese más que el vivido con ellos.
Mi padre se me pierde a cachitos entre azúcar alto y corazón destrozado. Ese gigante que todo lo podía, ese hombre calmo, falto de ternura más por no saber que por no sentirla, esa columna fuerte, grita al cielo pidiendo explicaciones.
Se las merece, pero nadie contesta.
Y yo, no quiero mirar.

Banda Sonora: Michael Nyman – The Promise








